Entre los canales oscuros de Xochimilco, donde el agua refleja la luna como un espejo roto, los remeros más viejos juran haber escuchado el lamento que hiela la sangre:
“¡Ay, mis hijos…!”
Dicen que cuando el viento sopla desde los ahuejotes, su voz se mezcla con el murmullo del agua. Algunos creen que es solo una historia para asustar turistas; otros, que la Llorona sigue buscando a los hijos que perdió hace siglos.
El origen del llanto
La leyenda cuenta que en tiempos coloniales vivía una mujer indígena de gran belleza. Se enamoró de un caballero español que le prometió amor eterno. De esa unión nacieron tres niños, a quienes ella amó con toda su alma. Pero un día, el hombre desapareció… para casarse con una dama de su misma clase.
Cegada por la desesperación, la mujer llevó a sus hijos a los canales y, entre lágrimas y gritos de dolor, los dejó caer al agua. Cuando comprendió lo que había hecho, intentó rescatar sus pequeños cuerpos, pero el lago se los tragó. Desde entonces, su alma no ha encontrado descanso.
Voces entre los canales
Hoy, los remeros de trajinera aseguran que, en noches de neblina, una figura blanca se desliza sobre el agua. Su rostro está cubierto por un velo, y sus lamentos parecen salir de todas partes al mismo tiempo.
Algunos visitantes dicen que su llanto suena más fuerte cerca del embarcadero de Cuemanco, otros la han visto flotar frente al Cementerio de Xilotepec. Incluso hay quienes afirman que su reflejo aparece entre las flores de cempasúchil durante el Día de Muertos.
El mensaje de la Llorona
Más que un espectro vengativo, muchos creen que la Llorona es una advertencia: una voz que recuerda los pecados de la humanidad, el abandono, el dolor. Cada grito suyo es un eco de las tragedias que el tiempo no logra borrar.
Por eso, si alguna noche navegas por los canales y el silencio se vuelve pesado, no respondas a su llamado. No mires al agua. Podrías ver algo que no pertenece a este mundo.
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