La Xtabay: el espíritu que seduce entre los ceibas

En los caminos oscuros de Yucatán, cuando el aire huele a flor de xtabentún y el canto de los grillos se detiene, los hombres saben que no deben mirar atrás. Es entonces cuando la Xtabay sale a buscar compañía.

Dicen que fue una mujer de belleza deslumbrante, tan hermosa como libre. Amaba sin culpa, y por eso el pueblo la juzgó. La llamaron pecadora, y cuando murió, nadie quiso tocar su cuerpo. Pero al día siguiente, su tumba amaneció cubierta de flores y con un perfume dulce que llenó toda la aldea.

Su enemiga, una mujer hipócrita que fingía virtud, murió poco después. De su tumba brotó un olor podrido y se llenó de espinas. Así, los mayas entendieron que la verdadera pureza no siempre se ve.

Desde entonces, el alma de la Xtabay vaga por los caminos rurales. Se aparece como una mujer de cabello largo y negro, envuelta en un vestido blanco que brilla con la luz de la luna. Llama a los hombres con una voz suave, casi un suspiro, y los invita a seguirla entre los árboles.

Los que caen en su hechizo son hallados al amanecer sin fuerzas, con marcas en el cuerpo y la mirada perdida. Algunos dicen que no mueren, sino que quedan atrapados en su embrujo, vagando para siempre junto a ella.

Las abuelas aún advierten: si vas por los caminos de Yucatán y una mujer hermosa te sonríe desde la sombra, no la sigas. Podría ser la Xtabay… y jamás volverás a ver el amanecer.