En el centro de Chihuahua, sobre la Avenida Ocampo, hay un escaparate que detiene a cualquiera que pasa. Tras el cristal, una figura de novia observa con una mirada tan profunda que muchos juran que tiene vida. Su nombre es La Pascualita, y su historia lleva más de 90 años causando escalofríos entre los chihuahuenses.
Todo comenzó en 1930, cuando Pascuala Esparza, dueña de la tienda “La Popular”, mandó colocar un nuevo maniquí para exhibir un vestido de novia. Pero algo en esa figura inquietó a todos. Su piel parecía real, sus uñas estaban perfectamente cuidadas, y los ojos, tan detallados, parecían seguirte dondequiera que te movieras.
Los rumores crecieron: algunos aseguraban que la joven era la hija de la propia Pascuala, muerta el día de su boda por la picadura de un alacrán. Su madre, incapaz de soportar la pérdida, habría mandado embalsamarla y colocarla en la vitrina para conservarla por siempre.
Los empleados de la tienda afirmaban que el maniquí cambiaba de posición, que su expresión variaba levemente según el día, y que, durante las noches, su silueta se movía dentro del local. Incluso, algunos clientes dijeron sentir una presencia cálida, como si alguien respirara detrás de ellos al observarla.
Con los años, La Pascualita se convirtió en una leyenda viva. Hay quienes le dejan flores, y otros aseguran que trae buena suerte en el amor si se le mira a los ojos sin parpadear. Pero nadie ha podido explicar el realismo de su rostro, ni por qué la dueña prohibía a todos tocarla.
Hoy, si visitas Chihuahua, puedes verla tú mismo. Solo ten cuidado de no quedarte demasiado tiempo mirándola: muchos dicen que si la ves moverse, te elegirá para acompañarla en la eternidad.


